12 de marzo de 2011



_______________linda fabula de Sebas ♥.-

Creo que con el tiempo fui aprendiendo. Al menos lo siento de esa manera pero paradójicamente cada vez me es más complicado entender ciertas actitudes...

Cuando la conoció sinceramente no esperaba mucho de ella. Aunque a decir verdad ni siquiera se había dado la oportunidad de conocerla.

Ella con muchísimo más temple a la hora de enfrentarse a situaciones desconocidas voló súbitamente con un elegante aleteo de precisa constancia y se posó sobre su nariz.

Mirándolo de frente a los ojos se expresó – Veo que tenía razón…

El zorro que ante su inexperiencia en la cotidianeidad vivaz optó por no cambiar el rumbo de sus reacciones, se sorprendió y preguntó – ¿Razón en que?

- Tus ojos... Están llenos de honestidad. – el tono su voz dotaba la escena de pura sinceridad.

- Emmm.. eeeeh – el zorro a pesar de su ostentosa fama evidentemente carecía de efectividad en la inmediatez.

- No te preocupes. No me tienes que responder nada. Solo me pareció que al sentirlo debía decírtelo. Debías saberlo. - Ella si estaba segura de cada uno de sus actos.

A esta altura los ojos de nuestro querido amigo se habían desorbitado y sus oídos cedieron ante la primera sonrisa de aquella bella creación.

Ambos podían sentir la furia de su encuentro. La carga de pasión que los abrazaba los hacia distintos. De reojo miraban sus sombras. Pronto distraían la mirada hacia otro lado. Sabían que eso que les pasaba no pasaba todos los días y estarían muy gustosamente dispuestos a vivir intensamente ese día.

La vida los encontró hechos uno. Una y otra vez. No había tiempo para reflexiones pero si lo hubiesen hecho habrían caído en la cuenta de que todo era perfecto. Todos sus movimientos parecían estar guionados de antemano. Cada uno sabia exactamente lo que haría y como lo haría el otro.

Él, acostumbrado a su soledad. Atado por siempre a esa tara que lo crucificará bajo el edicto de que nada puede salir bien empezó a enrarecer lo que se tornaba celestial. Y no estaba preparado para ser él quien cargue de dolor un alma tan noble.

Todo iba camino a una solución tan cobarde como trivial pero por un instante se dejó atrapar por esos lapsos fructuosos que nos da la vida en que uno mismo se mira y sin mentirse pone en claro que es lo que realmente quiere. A pesar de que uno pretenda diagramar una circunstancia pantanosa lamento decirle que la respuesta es mucho más simple…. ¿Cuanto harías por aquello que quieres?

Ahí supo que solo estaría con ella. Que no tendría verdadero sentido ir por la vida sin su compañía.

A veces pienso que esto de buscar el aprendizaje en las vivencias es algo así como escaparle a la responsabilidad de ser el artífice de una vida colmada de triunfos.

Llorando le explicó lo duro de esto que estaba sucediendo. El sentimiento los sorprendía, pero a esta altura ya lo hacia con el consentimiento de ambos. Mientras tanto ella moría. Su vida comenzaba a apagarse y no lo quería presente para ese entonces. Lo que sentía por aquel zorro era tan puro que superaba su propio egoísmo. La sola idea de amarrarlo a una historia con un final contado la angustiaba tanto que solo tuvo fuerzas para cerrar los ojos conteniendo gruesas lágrimas y aleteó sin parar.

Ante los gritos desesperados del zorro, abrió los ojos y en la honestidad de su mirar supo que él nunca le mentiría cuando le suplicaba – solo déjame hacerte feliz cada uno del resto de tus días – y entonces le respondió – saber que estas bien me dará mas fuerzas para cada nuevo amanecer.

El zorro supo de la valentía y la necesidad de aquel acto. Mirándola fijo delineó una sonrisa y agradeció que se haya cruzado en su vida.

Ambos supieron que aquello que les paso era amor. Y ambos supieron la real dimensión de aquel sentimiento. No estarían juntos, al menos no físicamente. Pero cada uno haría lo imposible por la felicidad del otro. Y lo más importante de todo es que ambos nos enseñaron que los actos de amor son aquellos que no esperan recompensas. Son aquellos que quizás algunos no logren interpretarlos ni entenderlos.